Transiciones de fase · Artículo 02

Clausius-Clapeyron

En la cumbre de Peñalara, a 2428 m, el agua hierve a 91,9 °C, y la pasta que tarda diez minutos en Madrid tarda veinte. En la olla a presión de tu cocina hierve a 120 °C y el guiso de noventa minutos se hace en diecisiete. Los cuatro números salen de la misma ecuación, y esa ecuación sale de exigir que dos potenciales químicos se mantengan iguales.

La condición de equilibrio material del artículo 01 —μ igual en las dos fases— no es una ecuación, es una familia de ecuaciones: se cumple en cada punto de la línea de coexistencia. Y una condición que se cumple a lo largo de una curva se puede derivar. Al hacerlo sale la ecuación de Clausius-Clapeyron, que es la herramienta con la que se calcula todo lo que tiene que ver con cambios de estado: presiones de vapor, puntos de ebullición, ollas, liofilizadores y la pendiente de cada línea de un diagrama de fases.

Prerrequisitos: el artículo 01 de este módulo —μ = g para una sustancia pura, y μ₁ = μ₂ en el equilibrio—. Del módulo II.5, dg = −s dT + v dp. Del II.4, la entropía de un cambio de fase, ΔS = L/T.

Derivar una condición que se cumple a lo largo de una línea

Toma dos fases en equilibrio en un punto (T, p) de su línea de coexistencia y muévete un poco a lo largo de ella, hasta (T + dT, p + dp). Si al llegar las dos fases siguen coexistiendo, sus potenciales químicos siguen siendo iguales, luego han cambiado lo mismo:

dμ1=dμ2    s1dT+v1dp=s2dT+v2dp.d\mu_1 = d\mu_2 \;\Longrightarrow\; -s_1\,dT + v_1\,dp = -s_2\,dT + v_2\,dp.

Agrupando, (v₂ − v₁) dp = (s₂ − s₁) dT, y como en un cambio de fase reversible a temperatura constante ΔS = L/T con L el calor latente molar:

  dpdT=ΔsΔv=LTΔv  \boxed{\;\frac{dp}{dT} = \frac{\Delta s}{\Delta v} = \frac{L}{T\,\Delta v}\;}

Ésta es la ecuación de Clausius-Clapeyron en su forma exacta, y merece la pena apreciar lo que no tiene: ninguna aproximación, ninguna hipótesis sobre la sustancia, ningún modelo de gas. Vale para líquido-vapor, sólido-líquido, sólido-vapor y para transiciones entre dos formas cristalinas. Dice algo muy fuerte: la pendiente de una frontera del diagrama de fases está determinada por dos magnitudes medibles, el calor latente y el salto de volumen. Y como L es siempre positivo al pasar a la fase más desordenada y T también, el signo de la pendiente lo pone Δv y sólo Δv. Guarda esa frase: es el eje del artículo 03.

El diagrama de fases, integrado desde dp/dT = L/(TΔV)

Ninguna de estas líneas está dibujada. Las tres salen de integrar la ecuación de Clapeyron a partir de un solo dato de partida —el punto triple— y de las entalpías de cambio de estado. Encima, en trazo fino, la ecuación de referencia medida (IAPWS para el agua, Span-Wagner para el CO₂), que no comparte ni una hipótesis con lo anterior. Donde el modelo se aparta más del 10 % de la referencia, el trazo se vuelve discontinuo — y esa frontera también se calcula.

1 Pa10 Pa100 Pa1 kPa10 kPa100 kPa1 MPa10 MPa100 MPa300400500600Temperatura (K)Presión (escala logarítmica)punto triplepunto críticoaquí acaba el hielo I1 atm
vapor / líquido sublimación fusión ecuación de referencia medida
-0.0074 dT/dp de la fusión (K/bar)
-1.634 ΔV de fusión (cm³/mol)
0.330 exponente de Watson ajustado
51.06 L de sublimación (kJ/mol)

Cursor en 26.85 °C y 1.00 bar: la fase estable es líquido, y a esa presión agua hierve a 100.13 °C según la integración, contra 99.61 °C de la referencia medida. A esta temperatura la línea integrada se desvía un -0.1 % de la ecuación de referencia: la hipótesis de vapor ideal todavía aguanta. El culpable es siempre el mismo — cerca del punto crítico el vapor deja de comportarse como un gas ideal y el volumen del líquido deja de ser despreciable, justo donde las dos fases empiezan a parecerse.

Las tres líneas se cortan en un punto y sólo en uno, y eso no es una coincidencia del dibujo: es la regla de las fases. Con un componente y tres fases quedan cero grados de libertad, así que el punto triple del agua no se elige — es un dato de la naturaleza, 273,16 K y 611,657 Pa, tan reproducible que fue la definición del kelvin entre 1954 y 2019.

La forma integrada, y hasta dónde vale

Para las líneas que acaban en vapor —vaporización y sublimación— se puede simplificar mucho, con dos aproximaciones que hay que declarar en voz alta:

  1. el volumen de la fase condensada es despreciable frente al del vapor, de modo que Δv ≈ vgas;
  2. el vapor se comporta como un gas ideal, vgas = RT/p.

Con ellas, dp/dT = Lp/(RT²), que se separa e integra suponiendo L constante:

lnp2p1=LR(1T21T1).\ln\frac{p_2}{p_1} = -\frac{L}{R}\left(\frac{1}{T_2} - \frac{1}{T_1}\right).

Esto es lo que se usa el 90 % de las veces, y es también donde se cometen el 90 % de los errores del tema, porque las dos aproximaciones envejecen mal. Aquí está cuantificado, comparando con la ecuación de referencia de la IAPWS y anclando siempre en el punto de ebullición normal con L = 40 660 J/mol:

TemperaturaError de la fórmula integradaVeredicto
120 °C−0,6 %excelente
92 °C+0,6 %excelente
50 °C+8 %ya se nota
25 °C+18 %inservible

La culpa no es del gas ideal —a 3 kPa el vapor es idealísimo— sino de la tercera hipótesis, la que no se declara: que L es constante. El calor latente de vaporización del agua vale 40,7 kJ/mol a 100 °C y 44,0 kJ/mol a 25 °C, un 8 % más, y en el punto crítico vale exactamente cero. La corrección estándar es la correlación de Watson, L(T) = Lref·[(Tc − T)/(Tc − Tref)]n, cuyo exponente n se ajusta con dos calores latentes medidos de la propia sustancia: para el agua sale n = 0,330 y devuelve 44,0 kJ/mol a 25 °C, frente a los 43,99 tabulados. Es la que usa el diagrama de arriba.

La regla práctica, que es la que hay que llevarse: con L constante, ±20 K alrededor del ancla. Fuera de ahí, o se ajusta L(T) o se usa una ecuación de referencia.

Ejemplo resuelto 1 · Por qué en la sierra el agua hierve a 92 °C

Problema. Peñalara, el techo de la Sierra de Guadarrama, está a 2428 m. Calcula a qué temperatura hierve allí el agua y cuánto se alarga la cocción.

Solución. Dos pasos. Primero la presión, con la atmósfera estándar (ISA): p = p₀(1 − Lz/T₀)gM/RL con L = 6,5 K/km, que a 2428 m da 75,4 kPa, un 74 % de la presión al nivel del mar. Segundo, Clausius-Clapeyron anclada en el punto de ebullición normal:

1T=1373,12RLln75360101325=1373,12+8,314×0,296040660,\frac{1}{T} = \frac{1}{373{,}12} - \frac{R}{L}\ln\frac{75\,360}{101\,325} = \frac{1}{373{,}12} + \frac{8{,}314 \times 0{,}2960}{40\,660},

de donde T = 364,9 K = 91,7 °C. La ecuación de referencia de la IAPWS da 91,9 °C: acuerdo dentro de 0,2 K, como corresponde a un salto de sólo 8 K desde el ancla. Y la regla de a ojo de los montañeros, «un grado menos cada 285 m», da 91,5 °C.

Resultado. El dato que importa no es la temperatura sino lo que hace con la cocina. Las reacciones de cocinado tienen energías de activación en torno a 100 kJ/mol, así que su velocidad cae con Arrhenius un factor exp[−(Ea/R)(1/T − 1/T₀)] = 0,49: a la mitad. Los diez minutos de pasta se convierten en veinte, y las instrucciones del paquete dejan de valer. No es que la comida se cocine «peor» en altura: es que el termostato del puchero, que es el punto de ebullición y no el fuego, se ha bajado ocho grados y nadie puede subirlo dando más gas. Un refugio de montaña que quiera cocinar legumbres en un tiempo razonable necesita una olla a presión, y no por comodidad.

La olla a presión, que es la misma cuenta al revés

Si bajar la presión baja el punto de ebullición, subirla lo sube, y una olla a presión no es más que un recipiente con una válvula tarada. Las ollas rápidas domésticas trabajan en dos posiciones: la primera anilla a unos 0,55 bar sobre la atmosférica y la segunda a 1,0 bar. Metiendo esas presiones absolutas en la fórmula integrada:

PosiciónPresión absolutaT de ebullición (C-C)Referencia IAPWS
Olla abierta1,01 bar100,0 °C100,0 °C
1ª anilla1,55 bar112,5 °C112,3 °C
2ª anilla2,00 bar120,4 °C120,2 °C

Veinte grados no parecen mucho, y son la diferencia entre un guiso de tarde y uno de media hora. Con la misma energía de activación de antes, la velocidad de las reacciones se multiplica por

exp[EaR(1393,41373,1)]=5,25,\exp\left[-\frac{E_a}{R}\left(\frac{1}{393{,}4} - \frac{1}{373{,}1}\right)\right] = 5{,}25,

de modo que noventa minutos de cocción pasan a diecisiete. La comprobación de que el número es sano viene de la regla del pulgar de la química, «la velocidad se dobla cada 10 K», que para 20 K daría un factor 4; el 5,25 está donde debe. Y con esto se entiende también por qué el autoclave de un hospital trabaja a 121 °C y no a 100: la esterilización mata esporas de Bacillus stearothermophilus, que a 100 °C aguantan horas y a 121 °C quince minutos. La cifra de 121 °C, que parece arbitraria, es simplemente la temperatura de saturación del vapor a 2 bar absolutos.

Ejemplo resuelto 2 · Té en la cumbre del Everest

Problema. En la cumbre del Everest se han medido 33,7 kPa (West y colaboradores, 1983). ¿A qué temperatura hierve el agua? ¿Se puede hacer pasta?

Solución. Con la fórmula integrada, 1/T = 1/373,12 + (8,314/40 660)·ln(101 325/33 700) = 2,905 × 10⁻³, luego T = 344,2 K = 71,1 °C. La referencia IAPWS da 71,8 °C; el kelvin de diferencia es el precio de extrapolar 29 K con L constante, y aquí sí se empieza a notar.

Resultado. A 71 °C el factor de Arrhenius es 0,072: las reacciones van catorce veces más despacio, y los diez minutos de pasta se convierten en dos horas y veinte. Pero el problema real es peor que la aritmética, porque hay procesos con umbral y no sólo con velocidad: el almidón del trigo empieza a gelatinizar por encima de unos 65 °C y el colágeno de la carne se convierte en gelatina por encima de 70, así que a 71 °C algunos de esos procesos no van despacio — no van. Los himalayistas cocinan con olla a presión, y no por impaciencia. Nota también que la ISA daría 31,4 kPa en la cumbre en vez de los 33,7 medidos: la atmósfera real se abomba sobre las latitudes bajas y regala a los escaladores del Everest un 7 % más de aire del que les tocaría por tablas, algo que en la zona de la muerte no es un detalle menor.

Sublimar: cuando el líquido no llega a existir

La misma ecuación gobierna la línea sólido-vapor, con Lsub en lugar de Lvap. Y hay una relación entre los tres calores latentes que sale de que la energía de Gibbs es función de estado: recorrer sólido → líquido → gas o ir directo debe costar lo mismo, así que

Lsub=Lfus+Lvap(a la misma temperatura).L_{\text{sub}} = L_{\text{fus}} + L_{\text{vap}} \quad \text{(a la misma temperatura)}.

Para el hielo en el punto triple, 6,01 + 45,05 = 51,06 kJ/mol, y el valor publicado es 51,06. El paréntesis de «a la misma temperatura» no es decorativo: es el error que más veces se comete aquí. Las tablas dan a menudo Lsub del CO₂ como 25,2 kJ/mol, que es su valor a 194,7 K, mientras que Lfus + Lvap en el punto triple (216,6 K) suman 23,9. No se contradicen: están medidos a 22 K de distancia.

El caso famoso es precisamente el hielo seco. El punto triple del CO₂ está a 216,6 K y 5,18 bar, es decir, por encima de la presión atmosférica. Y ahí está todo: a 1 atm no existe ninguna temperatura a la que el CO₂ sea líquido, porque la línea de fusión arranca por encima de esa presión. El sólido sólo puede pasar a gas. Con Clausius-Clapeyron y Lsub = 25,2 kJ/mol se predice que sublima a

1T=1216,6+8,31425200ln517950101325    T=194,0 K=79,2 C,\frac{1}{T} = \frac{1}{216{,}6} + \frac{8{,}314}{25\,200}\ln\frac{517\,950}{101\,325} \;\Longrightarrow\; T = 194{,}0\ \text{K} = -79{,}2\ ^\circ\text{C},

frente a los −78,5 °C medidos: 0,7 K de diferencia, que vienen de que el vapor de CO₂ cerca de su punto triple ya no es del todo ideal (Z ≈ 0,93). Y el mismo razonamiento al revés explica que una bombona de CO₂ para cerveza o para soldar contenga líquido: dentro hay 57 bar a temperatura ambiente, muy por encima de los 5,18 del punto triple.

El aprovechamiento industrial de la línea de sublimación se llama liofilización. El punto triple del agua está a 611 Pa, 6,1 milibares: por debajo de esa presión el hielo no puede fundir, sólo sublimar. Un liofilizador congela el producto y luego baja la presión de la cámara a unos 10–50 Pa, con lo que el hielo se va directamente a vapor —13 Pa de presión de sublimación a −40 °C, 103 Pa a −20 °C— y deja la estructura del alimento o de la proteína intacta, sin que ninguna interfase líquida tire de ella. Así se hacen el café soluble de calidad, las vacunas que viajan sin cadena de frío y las muestras biológicas de museo. Y así se seca la ropa tendida un día de helada, y así desaparece la nieve de las cumbres sin charcos.

Dónde muere el modelo, con número. La aproximación de vapor ideal no habla de la sustancia: habla de lo lejos que estás del punto crítico. La línea integrada del panel se aparta un 0,3 % de la referencia a 50 °C, un 1,9 % en el punto de ebullición normal (0,577 Tc), alcanza el 10 % a 178 °C (0,70 Tc) y a partir de ahí se hunde. Para el agua eso quiere decir que hasta unos 178 °C se puede usar sin miedo. Para el CO₂ quiere decir que no hay ningún régimen donde valga bien, porque el CO₂ líquido sólo existe a partir de 0,712 Tc — nace ya cerca del punto crítico, y a 0 °C el error es del 32 %. Cámbiale la sustancia al panel y míralo pasar de trazo continuo a discontinuo. Ese fallo no es un defecto del panel: es el aviso de que cerca del punto crítico el vapor deja de ser un gas y el líquido deja de ser denso, exactamente donde las dos fases empiezan a parecerse. Qué ocurre allí es el asunto del artículo 04.

Ejercicios

Ejercicio 1

Un depósito de propano a la intemperie marca 8,4 bar en un día de 20 °C. El calor latente de vaporización del propano en su punto de ebullición normal (−42,1 °C) es 18,8 kJ/mol. Estima la presión del depósito una mañana de −10 °C, y haz la misma cuenta para una bombona de butano (Teb = −0,5 °C, L = 22,4 kJ/mol).

Solución

Anclando en el punto de ebullición normal (231,05 K, 101,3 kPa): ln(p/101 325) = −(18 770/8,314)(1/263,15 − 1/231,05) = 1,192, luego p = 3,3 bar. La misma cuenta a 20 °C da 8,03 bar frente a los 8,4 medidos, un −4 % tras extrapolar 62 K: aceptable, y coherente con la tabla de arriba.

El butano es la parte interesante. Anclado en 272,65 K, a −10 °C sale 0,71 bar absolutos, o sea por debajo de la presión atmosférica. No es que salga poco gas: es que no puede salir ninguno, porque dentro de la bombona hay menos presión que fuera. Ésa es la razón física de que las bombonas de butano no funcionen en invierno a la intemperie mientras el propano aguanta sin problema, y de que los cartuchos de camping de alta montaña lleven isobutano y propano en vez de butano puro. Y hay un mecanismo que agrava el problema en los dos casos: al consumir gas, el líquido tiene que vaporizar, y para hacerlo absorbe su calor latente del propio depósito, que se enfría solo —de ahí la escarcha en la bombona— y baja aún más su presión. La bombona no se ha quedado sin gas: se ha quedado sin temperatura.

Ejercicio 2

Demuestra que si se representa ln p frente a 1/T para la línea de vaporización sale prácticamente una recta, y di qué se lee en su pendiente. Después explica por qué la línea de sublimación de la misma sustancia es más inclinada, y compruébalo con los datos del agua.

Solución

De dp/dT = Lp/(RT²) sale d(ln p)/d(1/T) = −L/R, así que en ejes ln p frente a 1/T la línea es recta mientras L sea constante y su pendiente vale −L/R. Es el método clásico para medir calores latentes sin calorímetro: se mide la presión de vapor a varias temperaturas, se ajusta una recta y se multiplica por −R. Con el agua entre 80 y 120 °C se obtienen los 40,7 kJ/mol con un par de por ciento.

Para la sublimación la pendiente es −Lsub/R, y como Lsub = Lfus + Lvap > Lvap, la recta es necesariamente más inclinada. Para el agua, 51,06 frente a 45,05 kJ/mol: un 13 % más. La consecuencia geométrica es bonita y con contenido: las dos rectas se cortan en el punto triple con un ángulo, no tangencialmente, y por eso el diagrama de fases tiene ahí un pico y no una curva suave. Lo mismo, dicho en física: al cruzar el punto triple por la línea de coexistencia con el vapor, el calor latente salta de golpe en Lfus. Y esto vale para cualquier sustancia, porque Lfus es siempre positivo.

Ejercicio 3

Una autoclave de laboratorio se ha quedado sin manómetro pero su termómetro marca 134 °C. ¿A qué presión está trabajando? ¿Y cuánto más rápido esteriliza que a los 121 °C habituales?

Solución

Invirtiendo la fórmula integrada desde el punto de ebullición normal: ln(p/101 325) = −(40 660/8,314)(1/407,15 − 1/373,12) = 1,0955, luego p = 3,03 bar absolutos, 2 bar en el manómetro. La referencia IAPWS da 3,04 bar, y este acuerdo tan bueno era esperable: 134 °C está a 34 K del ancla, dentro del rango donde L constante todavía sirve.

La segunda parte tiene trampa, y es la lección. Con Ea = 100 kJ/mol —la energía de activación de cocinar— pasar de 121 a 134 °C multiplicaría la velocidad por 2,65. Pero los ciclos normalizados son 15 minutos a 121 °C frente a 3 minutos a 134 °C, un factor 5, que exige Ea = 165 kJ/mol. Y la convención de la industria alimentaria es todavía más agresiva: un valor z de 10 °C —una década de reducción por cada diez grados— equivale a Ea = 306 kJ/mol a estas temperaturas, que daría un factor 19,7. Los tres números son defendibles y describen procesos distintos: romper un enlace, desnaturalizar una proteína y matar una espora entera cuestan energías de activación que se diferencian en un factor tres. La moraleja práctica: la energía de activación es la que decide si subir la temperatura merece la pena, y tomarla prestada de otro proceso da el orden de magnitud, nunca la respuesta.