Hamilton · Artículo 03

El corchete de Poisson

La operación que convierte los observables en un álgebra: con el corchete, «evolucionar» y «conservarse» se escriben en una línea, Noether se vuelve un renglón — y la mecánica queda a un cambio de paréntesis de la cuántica.

Toda cantidad medible — energía, momento, lo que sea — es una función F(q, p) sobre el espacio de fases. El corchete de Poisson de dos observables,

{F,G}=i(FqiGpiFpiGqi),\{F, G\} = \sum_i \left( \frac{\partial F}{\partial q_i}\frac{\partial G}{\partial p_i} - \frac{\partial F}{\partial p_i}\frac{\partial G}{\partial q_i} \right),

parece un artefacto — hasta que hace su magia. Primera: las ecuaciones de Hamilton se comprimen en una sola ley universal,

dFdt={F,H}:\frac{dF}{dt} = \{F, H\}:

todo observable evoluciona según su corchete con la hamiltoniana (prueba F = q y F = p: recuperas el dúo del artículo 01). Segunda: F se conserva si y solo si {F, H} = 0 — «conmutar con H» es conservarse, y el teorema de Noether cabe en un renglón.

Prerrequisitos: artículos 01 y 02 — el espacio de fases como escenario; aquí se le da álgebra.

El álgebra de las rotaciones (y su firma inmortal)

Los corchetes fundamentales — {q, p} = 1, el «uno» estructural de la mecánica — generan todo lo demás. El ejemplo con más porvenir: las tres componentes del momento angular cierran entre sí,

{Lx,Ly}=Lz(y cıˊclicas):\{L_x, L_y\} = L_z \quad (\text{y cíclicas}):

girar alrededor de x y luego de y no es lo mismo que al revés, y la diferencia es un giro alrededor de z — el corchete mide la no-conmutatividad de las rotaciones, esa que puedes comprobar girando un libro dos veces en distinto orden. Esta álgebra es la tarjeta de identidad del giro: idéntica en clásica y en cuántica, donde la heredan los espines del Particulario. Los objetos cambian; el álgebra permanece — y por eso los físicos hablan de álgebras antes que de trayectorias.

Ejemplo resuelto 1 · El dictado de Dirac

Problema. ¿Qué tiene que ver este artículo con la mecánica cuántica que el Cuantario contará?

Solución. Todo, y la conexión es un dictado literal. Dirac observó en 1925 que la estructura de la mecánica clásica sobrevive a la revolución cuántica con un solo cambio de paréntesis:

{F,G}    1i[F^,G^],\{F, G\} \;\longrightarrow\; \frac{1}{i\hbar}\,[\hat{F}, \hat{G}],

el corchete de Poisson por el conmutador de operadores. El «uno» estructural {q, p} = 1 se convierte en [q̂, p̂] = iħ — el principio de incertidumbre en embrión —; la ley dF/dt = {F, H} se convierte en la ecuación de evolución de Heisenberg; y «conmutar con H = conservarse» pasa tal cual.

Resultado. La mecánica cuántica no demolió la clásica: la deformó, con ħ como parámetro de deformación, respetando el esqueleto algebraico que Poisson construyó un siglo antes. Quien domina corchetes tiene media cuántica aprendida sin saberlo — es el mejor argumento de venta del formalismo hamiltoniano, y la razón de que este artículo exista en un curso de mecánica clásica.

Conservadas que fabrican conservadas. Regalo del álgebra (identidad de Jacobi mediante): si F y G se conservan, {F, G} también. A veces da cero o algo viejo — pero a veces fabrica: conservados L_x y L_y, el corchete te regala L_z. En el problema de Kepler, esta maquinaria produce una conservada extra inesperada (el vector de Laplace-Runge-Lenz, que apunta al perihelio y explica por qué las elipses de II.6 no precesan): las órbitas cerradas del 1/r² son un accidente algebraico glorioso — y su versión cuántica ordena el átomo de hidrógeno. El álgebra ve simetrías que la geometría esconde.

Ejercicios

Ejercicio 1

Calcula {L_z, x}, {L_z, y} y {L_z, p_x} con L_z = xp_y − yp_x. ¿Qué «hace» L_z a los demás observables vía corchete?

Solución

Con la convención de arriba, {L_z, x} = +y, {L_z, y} = −x, {L_z, p_x} = +p_y (compruébalo: solo sobrevive un término de cada suma). Son exactamente las derivadas de una rotación infinitesimal alrededor de z: poniendo el generador en el segundo hueco, que es donde va — δF = ε{F, L_z} —, se lee directamente x → x − εy, y → y + εx, p_x → p_x − εp_y. La lección grande: cada conservada genera la transformación de su simetría — L_z genera giros, p genera traslaciones, H genera… evolución temporal (¡el tiempo es la transformación generada por la energía!). Noether, leído al revés y en álgebra: las monedas no solo se conservan — son los motores de sus propias simetrías.

Ejercicio 2

Demuestra con corchetes que en el oscilador armónico la cantidad compleja a = q√(mω/2) + ip/√(2mω) evoluciona como a(t) = a(0)e^{−iωt}. ¿Qué acabas de fabricar?

Solución

da/dt = {a, H} con H = ω(algo × a·a*) da −iωa: a gira uniformemente en el plano complejo — es la elipse del artículo 01 empaquetada en un solo número que rota. Acabas de fabricar, con signos clásicos, el operador de aniquilación del oscilador cuántico — la herramienta con la que el Cuantario construirá fotones y el Particulario partículas. La mecánica clásica llevaba el envoltorio preparado desde Poisson; la cuántica solo tuvo que meter dentro ħ.

Ejercicio 3

¿Por qué {L², L_z} = 0 pero {L_x, L_y} ≠ 0? Traduce la consecuencia a la frase famosa de la cuántica «se puede conocer L² y una sola componente de L».

Solución

L² es invariante bajo cualquier rotación (es un módulo): su corchete con cualquier generador de giros se anula. Las componentes entre sí, no — girar no conmuta. Clásicamente esto dice que puedes tener trayectorias con L² y L_z fijos pero L_x, L_y «repartiéndose» (el momento angular precesando sobre un cono). En cuántica, donde corchete no nulo = incertidumbre obligatoria, se convierte en el enunciado célebre: números cuánticos ℓ y m, y las otras dos componentes, difusas por principio. La frase de los libros de química es un corchete de Poisson con ħ dentro — y ahora sabes exactamente cuál.