Ondas · Artículo 02

El sonido

La onda que llevas de serie: compresiones del aire que tu oído convierte en mundo. Sus números — 343 m/s, veinte a veinte mil hercios, decibelios que engañan — y la sirena que cambia de nota al pasar.

El sonido es una onda de presión: el altavoz empuja el aire, ese aire empuja al siguiente, y la cadena de empujones llega a tu tímpano a 343 m/s. Nada viaja contigo — cada molécula se queda oscilando en micras alrededor de su sitio — pero el patrón trae la voz entera. Este artículo recorre sus tres números: la velocidad, el rango de frecuencias y esa escala logarítmica — el decibelio — que comprime un billón en 120 pasos.

Prerrequisitos: artículo 01 — v = λf y la regla de que el medio pone la velocidad.

La velocidad y sus porqués

343 m/s (a 20 °C): un kilómetro cada tres segundos, Madrid–Barcelona en media hora. ¿De qué depende? Del par elasticidad/inercia del medio — más rígido, más rápido; más denso, más lento. Por eso el agua (casi incompresible) lo lleva a 1480 m/s y el acero a 5900: el western no mentía — el raíl avisa del tren antes que el aire, con 27 segundos de ventaja por cada 10 km. Y por eso el helio agudiza la voz: en un gas ligero el sonido corre casi al triple, las longitudes de onda de tu tracto vocal resuenan a frecuencias más altas, y el discurso de pato está servido — física de medios, no de cuerdas vocales.

Ejemplo resuelto 1 · La sirena que cambia de nota

Problema. Una ambulancia pasa a 50 km/h (13,9 m/s). ¿Cuánto cambia el tono de su sirena entre acercarse y alejarse?

Solución. Es el efecto Doppler: al acercarse, cada cresta sale un poco más cerca de la anterior — las crestas se apilan y la frecuencia sube; al alejarse, se espacian y baja:

ff=34334313,9    +4,2 % acercaˊndose, 3,9 % alejaˊndose.\frac{f'}{f} = \frac{343}{343 \mp 13{,}9} \;\Rightarrow\; +4{,}2\ \%\ \text{acercándose},\ -3{,}9\ \%\ \text{alejándose}.

Resultado. Un salto total del ~8 % en el instante de pasar — más de un semitono (5,9 %): el «uiiiii-aaaaa» inconfundible. El mismo efecto, con radar u ondas de luz, mide la velocidad de coches (el radar de tráfico es un Doppler con uniforme), de la sangre en una ecografía, de las gotas de una tormenta y de las galaxias que se alejan. Una sirena callejera y la expansión del universo comparten ecuación.

El billón comprimido

Entre el susurro que apenas oyes (umbral: 10⁻¹² W/m²) y el concierto que duele (1 W/m²) hay un factor de un billón. El oído resuelve ese abismo respondiendo al logaritmo, y la escala de decibelios lo imita: cada +10 dB multiplica la energía por 10. Conversación, 60 dB; tráfico denso, 80; concierto, 110; dolor, 120. La trampa aritmética favorita del examen: dos motos de 80 dB no son 160 dB — son el doble de energía, +3 dB, o sea 83. Para ganar 10 dB de percepción hay que multiplicar por diez los vatios: la acústica es cara.

El rango de fábrica. Tu oído cubre de ~20 Hz a ~20 000 Hz — tres décadas, con máxima sensibilidad justo donde vive el habla (1–4 kHz: la evolución afina bien). Por debajo, infrasonidos (elefantes, volcanes, y por eso «sientes» los graves en el pecho); por encima, ultrasonidos (murciélagos a 100 kHz, ecografías a megahercios). El límite superior cae con la edad — los 18 kHz de un televisor viejo son un timbre de juventud que los adultos han perdido sin enterarse.

Ejercicios

Ejercicio 1

¿Por qué el trueno retumba grave y largo si el rayo es un chasquido único? (Pista: 343 m/s y kilómetros de canal.)

Solución

El canal del rayo mide kilómetros, y cada tramo está a distinta distancia de ti: el sonido del tramo cercano llega segundos antes que el del lejano, y el chasquido único se estira en un redoble. Además el aire absorbe mejor los agudos que los graves — cuanto más lejos, más grave y sordo el resto. Un trueno es el mismo chasquido escuchado muchas veces con retardos distintos: geometría convertida en timbre.

Ejercicio 2

Un festival quiere subir el volumen «al doble de fuerte» (percepción: +10 dB). ¿Por cuánto multiplica la factura de amplificación?

Solución

Por diez. +10 dB es, por definición, ×10 en potencia: de 10 000 W a 100 000 W para que el público diga «ahora sí se oye el doble». La escala logarítmica del oído es un tirano comercial: cada «doble subjetivo» cuesta un orden de magnitud objetivo. (Y los vecinos también responden logarítmicamente, pero con denuncias lineales.)

Ejercicio 3

El murciélago caza con ultrasonidos de 80 kHz. ¿Qué longitud de onda usa, y por qué no le serviría chillar a 1 kHz?

Solución

λ = 343/80 000 ≈ 4 mm. Una onda solo «ve» detalles de su tamaño o mayores — los obstáculos mucho menores que λ apenas la perturban. A 1 kHz, λ = 34 cm: la polilla entera le sería invisible al eco. A 4 mm distingue polilla, alas y dirección de huida. La regla λ ≈ tamaño mínimo resoluble gobierna también los microscopios y las ecografías — y en el Fotonario decide qué puede ver un microscopio óptico. El sonar del murciélago es un límite de difracción con alas.