Dificultad ●○○–●●●, pistas sin soluciones: la pista da el camino, nunca el resultado. Protocolo hamiltoniano: escribe H, dibuja el retrato antes de calcular nada, y pregunta al corchete qué se conserva.
H = p²/2m − aq² + bq⁴ (el doble pozo del interactivo de II.2). Dibuja el retrato de fases completo: equilibrios, separatriz y los tres tipos de órbita. ¿Qué órbita nueva aparece respecto del péndulo?
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No integres nada. Dibuja primero U(q) y superpón niveles horizontales de energía: cada corte te da los puntos de retorno de una órbita, y con p = ±√(2m(E−U)) la curva del plano de fases sale del dibujo sin resolver una sola ecuación diferencial. Clasifica los equilibrios por el signo de U″ y traduce: un mínimo de U corresponde a un tipo de punto fijo del retrato, un máximo al otro — di cuál a cuál y por qué. Para la última pregunta, haz el censo: cuenta cuántos valores de E cualitativamente distintos hay (por debajo del máximo central, justo en él, por encima) y compara ese censo con el del péndulo del artículo 02. Hay un régimen que allí no existía y aquí sí, y la diferencia está en si el movimiento «por encima» vuelve o no vuelve.
Recuperamos el escenario del ejemplo resuelto del artículo 01 — cuenta ensartada, motor que impone Ω — pero cambiándole la geometría: en vez del aro vertical, un alambre recto y horizontal que gira alrededor de un extremo (el «aspa»). Escribe L y H en la coordenada radial r y responde a lo que el aro no podía preguntar: ¿tiene este sistema algún equilibrio? ¿Y qué le ha pasado, al perder la gravedad, al término que en el aro decidía la bifurcación?
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La trampa está en el orden de las operaciones. Escribe primero la energía cinética en el laboratorio, donde la cuenta tiene una velocidad radial y otra de arrastre; sustituye después la ligadura que impone el motor; y solo entonces haz la transformada de Legendre. Al pasar a H, presta mucha atención al signo con que reaparece el término de arrastre — es el mismo signo que el artículo 01 discutió, y aquí se queda solo en el escenario, sin gravedad que lo compense. Para los equilibrios, no resuelvas la ecuación del movimiento: escribe el potencial efectivo que sale de H y mira su forma. Es una parábola, y lo que decide todo es hacia dónde abre. Cuenta sus mínimos. Si te sale un número distinto del que tenía el aro por debajo de su crítica, has entendido el problema; si te sale el mismo, revisa el signo. Y para cerrar, pregúntate qué le ocurre a la energía real de la cuenta mientras H se conserva, y quién la paga: hay un motor, y el motor no sale gratis.
En un potencial central V(r), comprueba con corchetes que {L_z, H} = 0 pero que para V = ½k(x² + 4y²) (muelle anisótropo) {L_z, H} ≠ 0. ¿Qué órbita delata la diferencia a simple vista?
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Escribe L_z en cartesianas y calcula los dos corchetes a mano con la convención del artículo 03 — es más corto de lo que parece si agrupas primero los términos cinéticos, que se cancelan solos y dejan únicamente la parte del potencial. Para el caso central, hazlo con V(r) genérico y usa la regla de la cadena: verás por qué el resultado no depende de qué V sea, que es justamente lo interesante. Para el anisótropo, el resultado no es cero y su forma te dice en qué configuraciones concretas deja de conservarse L_z: señálalas sobre la órbita. Y para «qué se ve», dibuja o simula una trayectoria del muelle anisótropo con la razón de frecuencias del enunciado y ponla al lado de una elipse de Kepler. Una de las dos barre áreas iguales en tiempos iguales; la otra, no — y decidir cuál mirando el dibujo es el objetivo del problema.
Demuestra que el período de una órbita cerrada es T = dA/dE — la derivada del área de fases encerrada respecto de la energía. Verifícalo con el oscilador armónico y úsalo para el péndulo cerca de la separatriz.
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Escribe A(E) = ∮p dq con p despejado de la energía y deriva respecto de E bajo el signo integral: lo que aparece dentro tiene una interpretación inmediata en cuanto lo reescribas como dq partido por algo. Ese «algo» es toda la demostración. Para el oscilador, no hace falta integrar: la órbita del plano de fases es una elipse y su área se conoce sin más que identificar los dos semiejes en función de E. Para el péndulo cerca de la separatriz, tampoco hace falta la cuenta exacta: piensa qué le pasa a la pendiente de A(E) cuando la órbita se acerca a una curva que tarda un tiempo infinito en recorrerse, y describe con qué rapidez ocurre. Guarda A(E) = ∮p dq como oro: en III.3 tendrá nombre propio y será la protagonista.
El ejercicio 2 del artículo 04 contó por qué los imanes no reducen la emitancia y cómo se enfría un haz de verdad. Aquí toca demostrarlo, y con matrices. Un ingeniero propone «enfriar» un haz de partículas con una lente magnética perfecta que enfoque todas las posiciones a un punto. Escribe las matrices 2×2 de la lente delgada y del tramo de vuelo libre en el plano (x, p_x), calcula sus determinantes, y deduce de ahí qué obtiene el ingeniero realmente. Con la misma matriz, demuestra la ley del oficio: tamaño × divergencia en la cintura no baja de la emitancia, hagas lo que hagas con las lentes.
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Modela cada elemento como lo que hace de verdad. La lente delgada cambia p_x en proporción a x y deja x igual (en jerga de aceleradores, una patada proporcional a la distancia al eje); el vuelo libre hace justo lo contrario, cambia x en proporción a p_x y deja p_x igual. Las dos matrices son triangulares, así que sus determinantes se leen sin calcular nada — y el de cualquier secuencia de elementos es el producto de los suyos. Ese número es toda la primera parte del problema: dile qué significa geométricamente para la mancha del haz y ya tienes contestado al ingeniero. Para la segunda parte, dibuja la mancha antes y después de la lente y fíjate en que la lente la inclina sin cambiarle el área: si estrechas la proyección sobre un eje, la proyección sobre el otro tiene que crecer, y el producto de las dos tiene un suelo que no depende del dibujo. Encuentra ese suelo y ponle el nombre que le dan en aceleradores. Compruébalo después contra tu propia cámara: ¿qué relación hay entre abrir el diafragma y la profundidad de campo? Y remata con el argumento inverso, que es el que usa el ingeniero de verdad: dado un tamaño de punto de colisión que quieres conseguir, ¿qué te obliga a hacer eso con la divergencia — y qué le hace a la vida útil del haz?
Poincaré jura que el gas del rincón volverá al rincón. Estima el tiempo de retorno para 10 moléculas en una caja dividida mentalmente en dos mitades (¿cada cuánto están las 10 en la mitad izquierda?) y extrapola con humildad a 10²³. ¿Dónde queda la flecha del tiempo?
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Empieza por lo pequeño y con probabilidades, no con termodinámica: si cada molécula elige mitad independientemente, ¿cuál es la probabilidad de que las diez estén a la vez a la izquierda? De ahí al tiempo de retorno falta un dato que el enunciado no da — cada cuánto se «rebaraja» la configuración —, y lo tienes que estimar tú con la frecuencia de colisiones de un gas a presión ambiente (del orden de 10⁹–10¹⁰ por segundo y molécula). Después repite con 10²³ y no intentes evaluar la potencia: toma logaritmos decimales y quédate en el exponente, que es donde está la respuesta. Para la última pregunta, fíjate en un detalle: en ningún punto de tu cuenta has escrito una prohibición. ¿Qué has escrito entonces, y qué clase de ley es la segunda de la termodinámica si esto es todo lo que la sostiene?
Al terminar esta hoja lees retratos como planos, encargas conservadas al corchete, respetas la emitancia y sabes por qué el gas no vuelve aunque el teorema jure que sí. Ahora sí: las transformaciones canónicas y Hamilton-Jacobi — el módulo III.3 que faltaba en el plan y que el formalismo llevaba dos módulos preparando.