Pequeñas oscilaciones · Hoja de problemas

La hoja de problemas · Pequeñas oscilaciones

Seis problemas sin solución, solo pistas: matrices que afinan edificios, isótopos que delatan enlaces y un triángulo de masas con simetría de sobra.

Dificultad ●○○–●●●, pistas sin soluciones: la pista da el camino, nunca el resultado. El guion de cuatro pasos del módulo, siempre: equilibrio, matrices, autovalores, condiciones iniciales — y antes de diagonalizar, pregunta a la simetría qué te regala.

Necesitas: el módulo III.5 completo; el problema 6 brinda con III.3.
Problema 1 ●○○ · El edificio de dos plantas

El ejemplo resuelto del artículo 01 diagonalizó dos carritos con muelles a las dos paredes, y le salió una matriz simétrica de diagonal uniforme. Este es el mismo 2×2 con la topología cambiada — y ahí está la gracia. Dos pisos de masa m sobre pilares de rigidez k (cada planta: un muelle al suelo o a la planta inferior). Encuentra los dos modos y sus formas. ¿Cuál excita más un sismo lento, y dónde conviene el amortiguador de masa?

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Monta M y K con cuidado, que es donde se decide el problema: la planta baja está sujeta por dos muelles (el que la une al suelo y el que la une con la de arriba); la planta alta, solo por uno. Si los dos elementos de la diagonal de tu K salen iguales, la has montado mal — vuelve al diagrama antes de seguir. El polinomio característico es una cuadrática en ω²: resuélvela y calcula el cociente de las dos frecuencias, que resulta ser el cuadrado de un número que te va a sonar de la arquitectura griega y de los girasoles (comprueba el cuadrado: es el detalle que casi todo el mundo se salta al contarlo). Para las formas, saca los autovectores y mira los signos relativos: en uno los dos pisos van en el mismo sentido y en el otro no, y esa es toda la información que necesitas. Para decidir cuál excita un sismo, recuerda que el suelo mueve la base entera en bloque y a baja frecuencia: pregúntate a cuál de los dos autovectores «se parece» más ese forzamiento. Y para el amortiguador, colócalo donde la amplitud del modo peligroso sea máxima — mira el autovector y ya está.

Problema 2 ●○○ · El espectro del agua pesada

El ejercicio 2 del artículo 02 dio la regla √(masa reducida) para un enlace suelto y la usó para saltar de O–H a O–D. Aquí se le pide la molécula entera, que es donde la regla enseña los dientes. El agua normal estira O–H a 3657 y 3756 cm⁻¹ y flexiona a 1595. Predice las tres bandas del D₂O y compáralas con las medidas (2671, 2788, 1178). ¿Qué banda se resiste más a tu regla y por qué?

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Primero la aritmética, y hazla entera antes de opinar: calcula el factor √(μ_OD/μ_OH), aplícalo a las tres bandas del H₂O y saca las tres desviaciones relativas respecto de lo medido. Después ordénalas. Dos avisos: la banda que la intuición señala no es la que sale peor, y todas las desviaciones son de pocas unidades porcentuales — cuida la coma decimal, que aquí un factor diez de despiste cambia la conclusión entera.

El «por qué» es lo que vale nota. La regla √μ es la de una diatómica aislada: dos átomos, un muelle y nada más. En una molécula triatómica cada modo tiene su propia masa reducida efectiva, y quien la fija no es una fórmula sino el autovector: pregúntate en cuál de los tres modos se mueve realmente el oxígeno y cuánto, y qué papel juega el ángulo H–O–H en el reparto. Y un aviso de honestidad experimental que explica parte del residuo y que casi nadie menciona: las frecuencias tabuladas son fundamentales anarmónicos, no armónicos, y la anarmonicidad castiga más a la molécula ligera que a la pesada — así que parte de tu desviación no es un fallo de la mecánica, es un desajuste entre lo que calculas y lo que se mide.

Problema 3 ●●○ · El triángulo de masas

Tres masas iguales en triángulo equilátero, unidas por tres muelles iguales, en el plano. Sin diagonalizar nada — solo contando y usando simetría — enumera sus 6 modos: cuántos triviales, cuántos degenerados, y qué formas tienen.

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Empieza contando grados de libertad: tres masas en el plano son seis. Después resta los movimientos que no cuestan energía —los que desplazan o giran la figura sin deformarla— y quédate con los que sí. Para clasificar los que quedan no diagonalices: usa la simetría. El triángulo equilátero es invariante bajo rotaciones de 120°, así que cualquier modo tiene que transformarse de una manera compatible con esa operación; hay esencialmente dos posibilidades, y una de ellas obliga a que dos modos distintos compartan frecuencia. Pregúntate por qué la simetría no puede distinguirlos, y dibuja los patrones a mano: los muelles se estiran o no se estiran, y con eso basta para ordenar las frecuencias sin calcular ninguna. Si te atascas, cuenta el mismo argumento en el CO₂, que ya sabes que tiene una flexión doble, y pregúntate de dónde salía esa duplicidad.

Problema 4 ●●○ · La cadena que se dopa

En una cadena perfecta sustituyes UNA masa m por una impureza ligera m′ < m. Aparece un modo nuevo con frecuencia POR ENCIMA del borde de Brillouin, localizado alrededor de la impureza. Argumenta por qué debe existir y por qué no puede viajar.

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El argumento tiene dos pasos y ninguno exige calcular. (1) ¿Por qué debe existir? Piensa qué frecuencia querría tener una masa ligera sujeta por muelles normales, y compárala con la frecuencia máxima que la cadena perfecta es capaz de sostener (el borde de zona del artículo 03). (2) ¿Por qué no viaja? Escribe la relación de dispersión de la cadena y pregúntate qué valor del número de onda haría falta para propagar a esa frecuencia. Si no existe ningún valor real, no tires la solución: mira qué forma toma entonces la dependencia con la distancia. Ese es el argumento entero, y es exactamente el mismo que explica una onda evanescente en cualquier otro contexto. Cuando lo tengas, busca cómo se llaman estos modos en física de semiconductores y por qué una industria entera se dedica a sembrarlos a propósito.

Problema 5 ●●● · El puente que respira con el viento

Los tirantes del puente de II.7 no vibran solos: el tablero los acopla. Dos tirantes idénticos (f₀ = 1,1 Hz) unidos por un tablero que aporta acoplo débil forman el sistema de II.3/III.5. El viento excita uno. ¿Qué observa el sensor del otro — y por qué los ingenieros instalan amortiguadores ENTRE tirantes?

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Dos osciladores idénticos acoplados débilmente: ya sabes que sus modos normales son la suma y la diferencia, y que sus frecuencias se separan una cantidad proporcional al acoplo. La clave está en darse cuenta de que excitar un solo tirante no es excitar un modo: es excitar una combinación de los dos. Escribe esa superposición y busca el término lento — ahí está toda la respuesta a la primera pregunta, y también su escala temporal, que conviene que estimes (con dos tirantes casi idénticos el fenómeno se mide en minutos, no en segundos). Para la segunda pregunta, pregúntate cuál de los dos modos deforma el elemento que une los tirantes y cuál no: un amortiguador solo disipa si algo se deforma dentro de él. Y si consigues matar uno de los dos modos, ¿puede seguir habiendo trasvase? Es el mismo truco que el muelle central de los carritos, con toneladas.

Problema 6 ●●● · Contar fonones con Bohr-Sommerfeld

Junta III.3 y III.5: cada modo de la cadena es un oscilador con acción cuantizada en escalones ħ. El número de fonones de un modo es n = J/ħ. Estima cuántos fonones del modo fundamental porta una cuerda de guitarra pulsada (I.4: 110 Hz, energía ~1 mJ) y cuántos un modo térmico típico de un cristal a 300 K. Moraleja de escala.

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Dos estimaciones y una comparación. Guitarra: pasa la frecuencia a ω, escribe la acción del modo a partir de su energía y divide por ħ. Cuidado con no confundir f con ω — el factor 2π no cambia la moraleja, pero conviene que no cambie por accidente. Modo térmico: la energía típica de un modo a temperatura T es del orden de k_BT (la equipartición que el artículo 04 discute con detalle), así que el número de cuantos sale de un cociente entre dos energías; elige tú una frecuencia representativa de un fonón de cristal a partir de lo que sabes del artículo 03. La moraleja está en el contraste de exponentes: escríbelos uno debajo del otro y formula el criterio general de cuándo un sistema es clásico en términos de n = J/ħ — no en términos de tamaño, ni de masa, ni de temperatura.

Al terminar esta hoja afinas edificios por autovectores, predices espectros isotópicos, siembras modos en defectos y cuentas fonones de guitarra. Penúltima estación: los sistemas dinámicos y el caos — donde las matrices dejan de bastar y el retrato de fases se llena de fractales. III.6.