El caos · Artículo 03

El péndulo doble

No hace falta una atmósfera para fabricar caos: basta añadir una bisagra al instrumento más predecible de la física. Dos varillas, dos masas — y el determinismo pierde la memoria en segundos.

El péndulo simple es el santo patrón de la regularidad: late tan puntual que midió el tiempo durante tres siglos. Cuélgale un segundo péndulo del extremo — una articulación más, ni motores ni azar — y el péndulo doble convierte la puntualidad en imprevisto: dos lanzamientos tan iguales como permita tu pulso divergen hasta no parecerse en nada en cuestión de segundos. El caos no es una propiedad de los sistemas grandes: es una propiedad de las ecuaciones no lineales, y empieza con dos grados de libertad.

Prerrequisitos: artículo 02 — la divergencia exponencial, que aquí vas a ver con tus ojos.

Míralo divergir

El interactivo integra las ecuaciones exactas de dos péndulos dobles que parten con una diferencia de una milésima de grado — muy por debajo de lo que ningún experimento distinguiría. Durante un rato bailan al unísono; de pronto, en alguna voltereta especialmente sensible, la milésima se ha hecho de orden uno y cada péndulo vive su vida. El tiempo de Lyapunov de un péndulo doble enérgico ronda el segundo; el de la atmósfera, día y medio. El caos de sobremesa va cien mil veces más rápido que el meteorológico — de ahí que quepa en una tarde lo que a un pronóstico le lleva una temporada.

Dos péndulos «idénticos» (0,001° de diferencia)

Integración exacta de las ecuaciones, sin azar ninguno. El péndulo claro parte con una milésima de grado de ventaja — menos de lo que ningún experimento controla. Cronómetro a la vista.

t = 0.0 s separación: 0.001 %

De momento, gemelos: la milésima de grado sigue siendo invisible. El determinismo trabaja.

Dónde estaba escondido

¿Por qué tres siglos de mecánica no lo vieron? Porque la caja de herramientas clásica — las ecuaciones que se resuelven con papel y lápiz — es precisamente la colección de excepciones: el péndulo pequeño, las órbitas de dos cuerpos, el muelle. Sistemas lineales o reducibles a ello, donde los errores crecen con mansedumbre. Poincaré fue el primero en asomarse fuera, en 1889, con el problema de los tres cuerpos (dos se resuelven exacto; tres, jamás): encontró trayectorias «tan enmarañadas que ni siquiera intento dibujarlas» — la primera descripción del caos, escrita a mano. La ironía histórica: el hallazgo nació de un error en su memoria premiada por el rey de Suecia, que Poincaré corrigió pagando de su bolsillo la reimpresión. El caos entró en la física con una errata — y luego esperó setenta años a que los ordenadores de Lorenz lo hicieran visible.

La frontera del caos. No todo es caótico, y la frontera es precisa: hacen falta no linealidad y «sitio» suficiente (al menos tres variables dinámicas, o dos articulaciones). Y muchos sistemas son caóticos solo a veces: el péndulo doble con poca energía es manso; el grifo que gotea pasa de ritmo regular a caótico al abrirlo un poco más. El caos no es una sustancia sino un régimen — y los sistemas reales entran y salen de él. El artículo 04 pregunta por el sistema más importante que vive en la frontera: el nuestro.

Ejercicios

Ejercicio 1

El péndulo simple es predecible y el doble no. ¿Qué cambió exactamente — qué tiene la bisagra extra que rompe la mansedumbre?

Solución

El acoplamiento no lineal. En el péndulo simple pequeño, la fuerza restauradora es proporcional al desplazamiento — sistema lineal: errores que crecen despacio, oscilación única. En el doble, cada masa empuja a la otra con términos que dependen de senos y productos de ambos ángulos y velocidades: la respuesta deja de ser proporcional a la causa, y con dos articulaciones hay «espacio de estados» de sobra para que las trayectorias se estiren y doblen sin repetirse — la receta geométrica de la divergencia exponencial. Linealidad = previsibilidad garantizada; su ausencia abre (no obliga) la puerta al caos.

Ejercicio 2

Con poca energía — soltado casi vertical, sin volteretas — el péndulo doble es perfectamente manso. ¿Por qué el mismo sistema es dócil o caótico según cuánta energía le des?

Solución

A poca amplitud, los senos se aproximan por sus ángulos (la aproximación de ángulo pequeño del glosario) y el sistema se vuelve efectivamente lineal: dos oscilaciones acompasadas, los «modos normales» que el Nivel III calculará con matrices. Al subir la energía, la aproximación revienta — aparecen las volteretas, los términos no lineales mandan, y el régimen caótico se enciende. El caos del péndulo doble estaba siempre en las ecuaciones; la energía solo decide si se visita. Muchos sistemas reales (el goteo del grifo, un corazón, un mercado) tienen igualmente sus regímenes mansos y sus regímenes salvajes.

Ejercicio 3

¿Por qué en billar nadie — ni un robot perfecto — encadenaría cien carambolas calculadas de antemano?

Solución

Cada choque entre bolas multiplica el error angular: una desviación δ en la dirección de la bola incidente se convierte, tras el impacto contra una bola convexa, en un error varias veces mayor. El crecimiento es exponencial en el número de choques — se estima que hacia la decena de colisiones el resultado ya depende de perturbaciones tan remotas como la atracción gravitatoria de los espectadores. Cien carambolas exigirían conocer el estado inicial con más precisión de la que la física permite siquiera definir. El billar es un péndulo doble con más choques y menos piedad — y la razón de que el dado del artículo 01 sea azar honorario.