Módulo I.1 · Artículo 01

Cada elemento, su juego de rayas

Por qué el sodio da amarillo, el neón rojo y el hidrógeno rosa: la escalera de energías de cada elemento es distinta, y esa diferencia se puede leer a cien años luz.

Una farola de sodio de las antiguas emite casi toda su luz en dos rayas separadas 0,597 nanómetros. Ninguna otra sustancia del universo emite ese par exacto. Ésa es la afirmación que sostiene la física atómica entera y media astrofísica: cada elemento tiene un juego de colores propio, fijo, y reconocerlo basta para identificarlo sin tocarlo, sin tener una muestra y sin estar cerca.

Prerrequisitos: ninguno de este sitio — es el primer módulo. De fuera, conviene traer sabido por qué un átomo tiene niveles discretos de energía: lo funda Cuantario I.1, artículo 03, con Balmer, Rydberg y el modelo de Bohr. Aquí se da por sabido y se usa: el Atomario empieza donde la cuántica ya ha dicho que los escalones existen, y pregunta qué escalones tiene cada elemento y para qué sirve eso. También basta con la relación E=hc/λE = hc/\lambda, que en unidades cómodas es hc=1239,84 eV⋅nmhc = 1239{,}84\ \text{eV·nm}.
El espectro como huella dactilar

Elige una fuente y mira dónde caen sus rayas. Luego estropea el espectrómetro: el mando de abajo es la resolución Δλ, la distancia mínima entre dos rayas para verlas separadas. Con un aparato malo, elementos distintos empiezan a parecerse — y ahí es donde una huella dactilar deja de identificar a nadie.

Espectro visible · 380 a 780 nm
380480580680780 nm
Ampliado · 586 a 592 nm
Rayas en la lista 6
Grupos distinguibles 3
Poder resolutivo R a 589 nm 295

A 2.00 nm las dos rayas D se funden en una sola mancha amarilla: necesitarías R = 986 y tienes 295. Con este aparato dirías que el sodio emite «una raya» — y perderías justo el efecto que delató el espín. Baja el mando por debajo de 0,60 nm.

Dos rayas separadas 0,597 nm se llevan casi toda la luz. Es el doblete D, y hace falta un poder resolutivo de 986 para verlo partido.

Un peine de rayas, no un color

Lo primero que hay que desmontar es la idea de que un elemento «tiene un color». El sodio no es amarillo: el sodio tiene, en el visible, un doblete intensísimo en 589,00 y 589,59 nm, otro par mucho más débil hacia 568 nm y otro hacia 615. Lo que llamamos «el amarillo del sodio» es que el primer par se lleva casi toda la energía y cae muy cerca del máximo de sensibilidad del ojo: a 589 nm el ojo rinde el 77 % de lo que rinde en su máximo, que está en 555 nm. El mercurio, en cambio, reparte su luz visible entre cinco rayas separadas —violeta, azul, verde y un par amarillo— y por eso su luz parece blanquecina y fría, aunque no tenga nada de blanca: le faltan el rojo y el naranja enteros.

Un espectro de emisión no es, entonces, un color: es un patrón, un peine con los dientes en posiciones fijas. Y como en un peine, lo que identifica no es un diente sino la separación entre ellos. El interactivo de arriba lo enseña por la vía contraria: estropea el espectrómetro y mira cómo, al perder dientes, dos elementos distintos empiezan a parecerse.

Ejemplo resuelto 1 · Qué energía tiene el amarillo de una farola

Problema. La raya más intensa del sodio está en 589,00 nm (medida en aire). ¿Cuánta energía lleva cada uno de esos fotones, y cuánta separa las dos rayas del doblete, que están a 589,00 y 589,59 nm?

Solución. Con E=hc/λE = hc/\lambda y hc=1239,84hc = 1239{,}84 eV·nm — corrigiendo antes la longitud de onda de aire a vacío, que es donde vale la fórmula, con el índice del aire 1,000 277:

E2=1239,84589,00×1,000277=2,1044 eV,E1=1239,84589,59×1,000277=2,1023 eV.E_2 = \frac{1239{,}84}{589{,}00 \times 1{,}000277} = 2{,}1044\ \text{eV},\qquad E_1 = \frac{1239{,}84}{589{,}59 \times 1{,}000277} = 2{,}1023\ \text{eV}.

La diferencia es ΔE=2,13\Delta E = 2{,}13 meV: dos milésimas de electronvoltio, una milésima parte de la energía de cada fotón.

Resultado. Cada fotón amarillo lleva 2,104 eV, y las dos rayas se separan por 2,13 meV, el 0,10 %. Lo importante no es la cifra sino su tamaño: es tan pequeña que Fraunhofer ya la había dibujado en 1814 y hubo que esperar a 1925 para saber de dónde salía — es la primera prueba experimental del espín del electrón. Los detalles diminutos de un espectro no son ruido — son estructura, y el Nivel II se dedica entero a leerla.

Por qué el sodio no se parece al hidrógeno

El sodio tiene once electrones, pero diez de ellos forman capas cerradas alrededor del núcleo y sólo uno queda fuera. La tentación es decir que entonces el sodio «es como un hidrógeno» con ese electrón exterior. La tentación es medio buena y ahí está lo interesante: se puede comprobar con un número.

La energía de ionización del hidrógeno —lo que cuesta arrancarle el electrón desde el suelo— es 13,598 eV. Si el electrón exterior del sodio fuese un electrón hidrogenoide en la tercera capa, costaría arrancarlo 13,598/32=1,5113{,}598/3^2 = 1{,}51 eV. Lo medido son 5,139 eV: 3,4 veces más. El electrón exterior del sodio está mucho más agarrado de lo que le tocaría, porque penetra en las capas interiores y ve, a ratos, más carga nuclear desnuda de la que le corresponde.

Se puede cuantificar de dos maneras equivalentes, y las dos se usan en los laboratorios. La primera: preguntar qué carga efectiva vería un electrón en n=3n = 3 para estar ligado con 5,139 eV. Sale Zef=1,84Z_{\text{ef}} = 1{,}84, es decir, el electrón exterior del sodio se comporta como si girase alrededor de 1,84 protones en lugar de once: los otros 9,16 están apantallados por las capas de dentro. La segunda: mantener la carga en 1 y preguntar qué número cuántico haría falta. Sale n=1,63n^\ast = 1{,}63 en vez de 3, y a la diferencia δ=nn=1,37\delta = n - n^\ast = 1{,}37 se la llama defecto cuántico.

Ese único número explica el espectro entero de los metales alcalinos. Para el nivel 3p del sodio —el de arriba de la raya amarilla— el defecto cuántico vale 0,88 en vez de 1,37, porque un electrón p penetra menos que uno s. Y de la diferencia entre los dos defectos sale, exactamente, la energía del fotón amarillo. No es una analogía: es una resta de dos números medidos, y da 2,1044 eV.

El modelo de Bohr no sobrevive al segundo electrón. Se repite que Bohr «funciona» y hay que precisar dónde deja de hacerlo, con cifras. Para un átomo de un electrón es excelente: aplicado al He+\text{He}^+ (dos protones, un electrón) predice una energía de ionización de 22×13,606=54,422^2 \times 13{,}606 = 54{,}42 eV, y lo medido son 54,418 eV — cuatro cifras. Aplicado al helio neutro, el mismo cálculo predice 54,42 eV para arrancar el primer electrón, y lo medido son 24,587 eV: un error del 121 %, más del doble. Si se suman las dos ionizaciones, la predicción sin repulsión da 108,8 eV frente a los 79,01 eV reales, un 37,8 % de más. Lo que falla no es el detalle: es que el modelo ignora que los electrones se repelen entre sí, y con dos electrones esa repulsión ya vale 30 eV. La mitad de la física atómica consiste en tratarla bien; el módulo II.3 se dedica sólo a eso.

Qué hace falta para leer la huella

Identificar un elemento por su espectro exige separar las rayas, y separar cuesta. La magnitud que lo mide es el poder resolutivo R=λ/ΔλR = \lambda/\Delta\lambda: el doblete del sodio, con Δλ=0,597\Delta\lambda = 0{,}597 nm en torno a 589 nm, exige R=986R = 986. Un espectroscopio escolar de red de difracción ronda R = 500 y ve una sola raya amarilla; uno de laboratorio pasa de 10 000 y la ve partida en dos. El par amarillo del mercurio (576,96 y 579,07 nm) es mucho más fácil: separado 2,11 nm, basta con R = 274.

Ejemplo resuelto 2 · ¿Sirve mi espectroscopio?

Problema. Un espectroscopio de mano anuncia una resolución de 1,5 nm. Con él se mira una farola de sodio y un fluorescente de mercurio. ¿Qué se ve en cada caso?

Solución. Dos rayas se ven separadas si su distancia supera Δλ\Delta\lambda. Para el sodio, 0,597 nm < 1,5 nm: no se resuelven, y se ve una única mancha amarilla. Para el mercurio, 2,11 nm > 1,5 nm: , se ven las dos rayas amarillas separadas, y también, sin problema, la verde de 546,07 y la azul de 435,83, que están a decenas de nanómetros de todo lo demás.

Resultado. El aparato distingue perfectamente el mercurio del sodio, pero no ve la estructura fina de ninguno de los dos. La lección práctica: la resolución que hace falta no depende del aparato ni del elemento por separado, sino de qué pregunta se le hace. Identificar el elemento es fácil; medir el espín del electrón con la misma raya necesita un aparato veinte veces mejor.

Ejercicios

Ejercicio 1

La raya roja más intensa del neón está en 640,22 nm. ¿Lleva más o menos energía que el amarillo del sodio? Calcula la diferencia en electronvoltios y di qué significa que sea positiva o negativa.

Solución

E=1239,84/(640,22×1,000277)=1,9363E = 1239{,}84/(640{,}22 \times 1{,}000277) = 1{,}9363 eV, frente a los 2,1044 eV del sodio: 0,168 eV menos. Menos energía por fotón significa longitud de onda mayor y color más rojo, que es justo lo que se ve. La segunda lección está en el tamaño: 0,168 eV es casi ochenta veces la separación del doblete del sodio (2,13 meV). Toda la diferencia entre «rojo» y «amarillo» —dos colores que cualquiera distingue— es setenta y nueve veces mayor que la diferencia que hizo falta descubrir el espín. Los espectroscopistas del XIX medían con una precisión que la vista no alcanza ni de lejos.

Ejercicio 2

El potasio se ioniza con 4,341 eV. Estima su carga efectiva ZefZ_{\text{ef}} sabiendo que su electrón exterior está en la capa n=4n = 4, y compárala con la del sodio (1,84, en n=3n = 3). ¿Qué dice la comparación?

Solución

De E=13,606Zef2/n2E = 13{,}606\,Z_{\text{ef}}^2/n^2 se despeja Zef=nE/13,606=44,341/13,606=2,26Z_{\text{ef}} = n\sqrt{E/13{,}606} = 4\sqrt{4{,}341/13{,}606} = 2{,}26. El potasio tiene 19 protones y su electrón exterior ve 2,26; el sodio tiene 11 y ve 1,84. Añadir ocho protones al núcleo aumentó la carga efectiva en menos de medio protón, porque los ocho electrones nuevos apantallan casi exactamente lo que la carga nueva añade. Ése casi es toda la química: es la razón de que los alcalinos se parezcan tanto entre sí y de que la tabla periódica sea periódica. El módulo II.4 lo convierte en cálculo.

Ejercicio 3

En el interactivo, elige «Hidrógeno» y sube la resolución hasta 10 nm. Compara ahora con «Helio» a la misma resolución. ¿Podrías distinguirlos? ¿Y a 0,5 nm?

Solución

A 10 nm el hidrógeno conserva tres o cuatro grupos separados y el helio se reduce a un puñado de manchas anchas: siguen siendo distinguibles, porque el hidrógeno no tiene nada entre 490 y 650 nm mientras el helio emite fuerte en 587,6 y en 667,8. A 0,5 nm ambos muestran todas sus rayas y la identificación es inmediata. La moraleja es que identificar es más barato que medir: para saber qué elemento es basta un aparato mediocre, siempre que sus rayas no caigan en el mismo sitio. Los problemas empiezan con mezclas — un espectro de estrella real tiene decenas de miles de rayas de docenas de elementos superpuestas, y ahí la resolución vuelve a ser lo único que salva.