De los 3,0 milisieverts al año que recibe de media una persona cualquiera del planeta por el solo hecho de existir, 1,8 —el 60 %— entran por la nariz: son el radón y el torón que se acumulan dentro de los edificios. La comida aporta 0,5, el suelo 0,4 y los rayos cósmicos 0,3. Y el detalle que nadie espera: el radón es un gas noble, químicamente inerte, que se inhala y se exhala casi entero sin depositar apenas nada. Lo que hace el daño son sus cuatro hijos de vida corta, que son metales, se pegan al polvo, entran con él y se quedan en el bronquio soltando partículas alfa. Entender esa distinción es entender por qué el radón se mide de una forma tan rara, por qué su cifra de dosis cambió hace poco en un factor casi dos, y por qué es —esto es lo importante— el único efecto de dosis bajas que está medido y no extrapolado.
El radón es un gas noble: lo respiras y lo exhalas sin que pase nada. Lo que hace daño son sus hijos, que son metales, se pegan al polvo y se quedan en el bronquio soltando partículas alfa. El panel calcula la energía alfa que esa mezcla aún tiene por soltar —sumando la cadena con las semividas de ENSDF— y de ahí la dosis anual y el riesgo.
A 53,0 Bq/m³ y 19,0 horas al día en casa, la dosis es de 2,46 mSv al año con el coeficiente de la ICRP de 2017 — y de 1,32 mSv con el convenio anterior de UNSCEAR, que sigue vigente y publicado: en este dominio el convenio es la mitad del resultado. Con el primero, sólo el radón de tu casa vale el 82,0 % de lo que suma el fondo natural mundial entero, y 2,46 veces el límite legal de dosis añadida para el público. En ese metro cúbico hay 2,53 × 10⁷ átomos de radón, uno por cada 9,91 × 10¹⁷ moléculas de aire. Estás por debajo del nivel que recomienda la OMS (100 Bq/m³). El riesgo de cáncer de pulmón hasta los 75 años pasa de 0,40 % a 0,434 %, 0,034 puntos de exceso. Si fumaras, el mismo radón daría 0,85 puntos de exceso en vez de 0,034: veinticinco veces más, con el mismo gas en el mismo salón. Exposición: 0,232 WLM al año.
Un gas que no hace nada y cuatro hijos que sí
El radón —el radón-222— es el sexto eslabón de la cadena de desintegración del uranio-238, que está en todas las rocas de la corteza en cantidades de partes por millón. Es el único miembro gaseoso de esa cadena, y ésa es toda su peligrosidad: los demás se quedan donde nacen, y él se escapa por los poros del terreno, se cuela por la solera y se acumula dentro de las casas, sobre todo en sótanos y plantas bajas y sobre todo en terreno granítico.
Su semivida es de 3,82 días, y emite una alfa de 5,49 MeV. Pero como es un gas noble, no se fija a nada: se respira y se expulsa. Lo que se queda es lo que viene detrás:
| Núclido | Semivida | Emite | Energía alfa que aún queda por soltar |
|---|---|---|---|
| ²¹⁸Po | 3,10 min | alfa de 6,00 MeV | 13,69 MeV |
| ²¹⁴Pb | 27,1 min | beta | 7,69 MeV |
| ²¹⁴Bi | 19,7 min | beta | 7,69 MeV |
| ²¹⁴Po | 163 µs | alfa de 7,69 MeV | 7,69 MeV |
| ²¹⁰Pb | 22,2 años | — | ya no cuenta |
Los cuatro primeros son descendientes de vida corta: en menos de una hora toda la cadena ha pasado, y como los cuatro son metales, se adhieren a las partículas de polvo del aire, se inhalan pegados a ellas y se depositan en el epitelio bronquial. Ahí sueltan sus dos alfas, de 6,00 y 7,69 MeV, con un alcance en tejido de 42 y 64 micrómetros — justo el espesor que separa la superficie del bronquio de las células que se dividen. El quinto eslabón, el plomo-210, dura 22 años: para cuando se desintegre, el pulmón ya lo ha eliminado. La dosis del radón la dan cuatro núclidos que viven menos de media hora.
Por qué el radón se mide de esa manera tan rara
De ahí sale la magnitud con la que se mide de verdad la exposición al radón, y que no es la concentración de radón. Se llama energía alfa potencial: la energía que la mezcla de hijos presente en un metro cúbico todavía va a soltar antes de llegar al plomo-210. Cada átomo de polonio-218 lleva dentro 13,69 MeV de futuro; cada uno de plomo-214, 7,69. Y como una actividad de 1 Bq/m³ corresponde a N = T/ln 2 átomos por metro cúbico, sumar la cadena da directamente la constante de conversión:
El convenio internacional la redondea a 5,56 nJ/m³, y el cálculo de arriba —hecho sólo con semividas y energías alfa medidas— la reproduce con un error del 0,25 %. Ésa es la constante que usa el panel del principio, y no está escrita en él: se calcula sumando la cadena.
La segunda rareza es que en una casa real los hijos no están en equilibrio con el padre: parte se pegan a las paredes y a los muebles antes de que uno los respire. Se resume en el factor de equilibrio, que en interiores vale típicamente 0,4: la mezcla real tiene el 40 % de la energía alfa potencial que tendría si todo estuviera en equilibrio. La concentración corregida por ese factor es la concentración equivalente de equilibrio, y es lo que de verdad entra en la cuenta de la dosis:
Problema. Una vivienda española típica tiene 53 Bq/m³ de radón. ¿Cuántos átomos de radón hay en un metro cúbico de ese aire? ¿Y qué dosis da al año?
Solución. De A = λN con λ = ln 2/T:
En ese mismo metro cúbico hay 2,5 × 10²⁵ moléculas de aire, así que hay un átomo de radón por cada 10¹⁸ moléculas de aire, y todo el radón de la habitación pesa unos nueve attogramos. La dosis, con la cadena de arriba: 53 × 0,4 = 21 Bq/m³ de concentración equivalente; por 5,57 nJ y por 7000 horas al año en casa salen 0,83 mJ·h/m³; por 3 mSv, 2,5 mSv al año.
Resultado. Veinticinco millones de átomos que pesan nueve attogramos dan más dosis que todo lo demás junto. No hay ninguna otra sustancia tóxica que actúe a esa dilución — un veneno químico a una parte en 10¹⁸ no existe como problema. La razón es que aquí no hace falta que la molécula haga nada: sólo tiene que desintegrarse una vez en el sitio equivocado y soltar 6 MeV, que son un millón de veces la energía de un enlace químico. Es la mejor ilustración de por qué la radiactividad se mide en desintegraciones por segundo y no en gramos.
El factor 1,9 que subió el fondo natural del mundo
Aquí hay una lección incómoda sobre cómo se hacen estas cifras, y este sitio la cuenta entera porque el lector se la va a encontrar de todos modos.
El coeficiente de dosis del radón —los milisieverts por unidad de exposición— no se calcula: sale de un modelo completo del pulmón, con su deposición de aerosoles, su aclaramiento mucociliar y sus células diana. Hasta hace poco, el convenio de UNSCEAR era de 9 nSv por cada Bq·h·m⁻³ de concentración equivalente. En 2017 la ICRP publicó un valor sustancialmente mayor, equivalente a unos 10 mSv por mes de trabajo nivel, basado en estudios epidemiológicos de mineros en vez de en el modelo dosimétrico. Los dos convenios se diferencian en un factor 1,9, y ambos siguen vivos y publicados.
| Radón en casa | Dosis anual (convenio de la ICRP) | Dosis anual (convenio de UNSCEAR) |
|---|---|---|
| 53 Bq/m³ (media española) | 2,5 mSv | 1,3 mSv |
| 100 Bq/m³ (nivel de la OMS) | 4,7 mSv | 2,5 mSv |
| 300 Bq/m³ (nivel de referencia legal) | 14,0 mSv | 7,6 mSv |
| 1000 Bq/m³ | 46,8 mSv | 25,2 mSv |
Y ese factor es, casi seguro, la razón principal de que el fondo natural de radiación mundial que publica UNSCEAR haya pasado de 2,4 mSv/a (informe de 2008) a 3,0 mSv/a (informe de 2024): un 25 % más, casi todo en el término de inhalación. El propio informe lo dice sin rodeos: el aumento se debe «a la metodología y a los datos, más que a un aumento real de la exposición del público». Nadie está recibiendo más radiación que en 2008. Lo que ha cambiado es la regla de conversión.
Que una cifra tan citada dependa de un convenio no es un escándalo: es cómo funciona la protección radiológica, y el remedio no es esconderlo sino decir siempre con qué convenio se ha calculado. Es exactamente el mismo problema que el módulo I.1 planteaba con los becquerelios y los sieverts, un piso más arriba.
El fondo natural, desglosado, y lo que varía
| Componente | Media mundial | De qué depende |
|---|---|---|
| Inhalación (radón y torón) | 1,8 mSv/a | de la geología y de la ventilación de tu casa |
| Ingestión (⁴⁰K y compañía) | 0,5 mSv/a | casi nada: el potasio está bajo control homeostático |
| Terrestre externa | 0,4 mSv/a | de la roca del suelo y de los materiales de construcción |
| Rayos cósmicos | 0,3 mSv/a | de la altitud y, poco, de la latitud |
| Total | 3,0 mSv/a | rango real de la población mundial: 1 a 14 |
Ese rango final es la cifra que más discusiones cierra. La dosis natural que reciben personas normales, en sitios normales, varía en un factor catorce — más que cualquier diferencia que produzca la industria nuclear en poblaciones no accidentadas. En Ramsar (Irán), donde manantiales termales han depositado radio en el terreno, se han medido casas con 132 mGy al año; conviene decir también que la cifra de 260 mSv/a que circula en muchos sitios es un máximo calculado, no una medida. Y en Yangjiang (China), otra zona de fondo alto, un seguimiento de 125 079 personas y 1,7 millones de personas-año da un riesgo relativo de cáncer de 0,99 (IC 95 %: 0,87–1,14): ningún exceso detectado.
La tentación aquí es enorme y hay que resistirla en las dos direcciones. Ese resultado no demuestra que las dosis bajas sean inofensivas: la cohorte está uno o dos órdenes de magnitud por debajo del tamaño que haría falta para detectar el exceso que el modelo lineal predice, y el intervalo de confianza es perfectamente compatible con ese exceso. Lo correcto es decir «no se ha detectado exceso», que es distinto de «no hay exceso» — y también es distinto de «lo hay pero lo ocultan». Es la misma lección del artículo anterior con otro conjunto de datos.
El radón sí está medido: Darby, y el tabaco
Y ahora la excepción que salva a este capítulo de ser una colección de incertidumbres. El efecto del radón sobre el cáncer de pulmón no está extrapolado desde dosis altas: está medido a las concentraciones que hay en las casas. El estudio conjunto europeo de 2005 reunió trece estudios de casos y controles y encontró que el riesgo de cáncer de pulmón crece un 8,4 % por cada 100 Bq/m³ (IC 95 %: 3,0–15,8), que sube al 16 % al corregir el error de medida de las mediciones domésticas. Y encontró algo más importante:
| Riesgo acumulado de cáncer de pulmón a los 75 años | 0 Bq/m³ | 100 Bq/m³ | 400 Bq/m³ |
|---|---|---|---|
| Quien no ha fumado nunca | 0,4 % | 0,5 % | 0,7 % |
| Fumador | 10 % | 12 % | 16 % |
El mismo gas, en el mismo salón, veinticinco veces más peligroso para quien fuma. El radón y el tabaco no se suman: se multiplican, porque el humo daña el aclaramiento del bronquio y deja los hijos del radón más tiempo pegados donde no deben. De ahí sale la única recomendación sensata para un fumador con radón en casa, y no es la que se espera: primero deja de fumar, y luego ventila. Los 6 puntos porcentuales de exceso que le añaden 400 Bq/m³ son mucho; los 9,6 puntos que le añade el tabaco por sí solo son más.
Problema. El nivel de referencia legal en España y en la Unión Europea es de 300 Bq/m³ en viviendas. ¿Qué dosis anual es? ¿Cómo se compara con el límite de 1 mSv al año para el público?
Solución. Con el convenio de la ICRP, del panel: 300 × 0,4 = 120 Bq/m³ de concentración equivalente; por 5,57 nJ y por 7000 h salen 4,68 mJ·h/m³; por 3 mSv,
Es catorce veces el límite legal de dosis añadida para el público, y casi el límite anual de un trabajador expuesto (20 mSv).
Resultado. Una aparente contradicción legal que en realidad enseña cómo está construido el sistema. El límite de 1 mSv/año se aplica a situaciones de exposición planificada: lo que una actividad humana regulada —una central, un hospital, una industria— añade a lo que ya había. El radón de una casa es una situación de exposición existente: nadie lo ha puesto ahí y no se puede prohibir. En esas situaciones no se fija un límite, se fija un nivel de referencia: un valor por encima del cual hay que actuar, elegido por lo que se puede conseguir en la práctica y no por lo que sería deseable. Por eso la Unión Europea pone 300, la OMS recomienda 100 y la agencia estadounidense actúa a 150. No se contradicen: es que un nivel de referencia es un objetivo de gestión, no una frontera entre lo seguro y lo peligroso. Y la actuación, casi siempre, es barata: ventilar el sótano, sellar la solera, poner una arqueta con extractor bajo el forjado.
Y un dato español que conviene mirar con cuidado. La media aritmética de radón en interiores que recoge UNSCEAR para España es de 53 Bq/m³; la base de datos del Consejo de Seguridad Nuclear da 101. Las dos son correctas y no miden lo mismo: la base del CSN reúne medidas hechas en su mayoría donde se sospechaba que había radón, y el propio CSN advierte por escrito de que no es un muestreo representativo del país. Es un sesgo de selección de manual, y aparece en cuanto una magnitud se mide por iniciativa de quien la teme. La lección práctica es la de siempre en este módulo: antes de comparar dos cifras, pregunta cómo se tomó cada una. Y la personal: la única manera de saber cuánto radón hay en tu casa es medirlo, porque la casa de al lado puede tener el triple.
Ejercicios
Si el radón-222 tiene una semivida de 3,82 días, ¿por qué no basta con ventilar una vez al día para eliminarlo?
Solución
Porque el radón no se agota: entra continuamente desde el terreno. Su semivida sólo dice lo que tardaría en desaparecer una cantidad aislada; en una casa, la concentración es un equilibrio entre lo que entra por la solera y lo que sale por la ventilación, y se estabiliza en horas. Por eso lo que baja el radón no es ventilar mucho una vez, sino ventilar siempre —o mejor, impedir que entre. La segunda lección es de método: cuando una sustancia tiene una fuente continua, la semivida deja de gobernar la concentración y la gobierna la tasa de renovación del aire. Es el mismo razonamiento que distingue un vertido puntual de una emisión continua, y se equivoca mucha gente con las dos.
Con el panel, compara la dosis anual de una casa a 100 Bq/m³ habitada 20 horas al día con la de una a 200 Bq/m³ habitada 10 horas al día. ¿Por qué importa la ocupación tanto como la concentración?
Solución
Dan lo mismo, porque la dosis es el producto de las dos: la exposición se mide en becquerelios por metro cúbico y por hora, no en becquerelios por metro cúbico. Es la misma estructura que la dosis de una fuente externa, que era la tasa por el tiempo. La segunda lección es práctica y explica una política pública que parece rara: si un edificio se usa ocho horas al día, un mismo nivel de radón da menos de la mitad de dosis que en una vivienda, y por eso los niveles de referencia para lugares de trabajo y para viviendas no tienen por qué coincidir. También explica por qué el dormitorio importa más que el garaje.
Un vecino dice: «el radón no puede ser peligroso, porque llevamos toda la vida respirándolo». ¿Qué le contestas con números?
Solución
Que «natural» y «antiguo» no son sinónimos de «inocuo» — el humo de leña también es natural y antiquísimo. El argumento que sí funciona es cuantitativo: el efecto del radón está medido en trece estudios europeos de casos y controles, a las concentraciones que hay en las casas de verdad, y da un 8,4 % de exceso de riesgo de cáncer de pulmón por cada 100 Bq/m³. No es una extrapolación desde Hiroshima: es epidemiología directa a dosis domésticas, y por eso es la pieza más sólida que existe sobre efectos de dosis bajas. La segunda lección es que el argumento del vecino tiene una versión buena escondida dentro: efectivamente, el radón lleva ahí siempre, así que el riesgo que conlleva ya está incluido en la tasa de cáncer de pulmón que consideramos «normal». Reducirlo no evita un riesgo nuevo: reduce uno que ya estábamos pagando sin saberlo.